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Diario de viaje

Diario de viaje II: Manchester y la anécdota inolvidable

Si alguien conoce algo que les guste más a los ingleses que el fútbol y la cerveza, lo invito a que me escriba un correo electrónico para avisarme dónde puedo ver esa excepción. Es un hábito irremplazable, cuando cae la tarde, ir al bar a tomar algo. Bah, convengamos que ese “algo” son unas cuantas copas que terminan alegrando a nuestros estimados británicos que, en ocasiones, se ponen un poco violentos. La de copetear, es una situación que no conoce de sexo ni religión. Casi todos viven dentro de esta rueda que empieza a girar después de las 18, cuando arranca la movida “nocturna” y ya el día se empieza a despedir.

MANCHESTER. Panorama de la ciudad.

¿Y el sol? Gran pregunta, amigo mío. Ahí está, oculto. Desde que llegué, el jueves 18,  el clima fue de lo peor. Aunque ya estaba avisado, y creo que casi todos saben que en el Reino Unido lo más probable es que llueva todo el tiempo o esté nublado. Y así fue, alrededor de 0º, cielo gris y mucha gente en las calles, fueron los íconos de mi estancia en Manchester. Aunque hubo un rato mágico, cuando cual Teletubbie festejé la aparición repentina de rayos ultravioleta.

A la ida, el vuelo de Madrid hacia Alicante fue de lo más tranquilo. Ya en la conexión hacia Manchester, la cosa se tornó extraña, por la sencilla razón de que había muy pocos hispanoparlantes en el vuelo de Easyjet rumbo a tierras inglesas. De todas formas, resultó una experiencia única. Tan única como llegar, comprar los tickets del tren para el centro de la ciudad y desayunarte con la mala onda de la vendedora de tickets. “Mala suerte, tendrá un mal día”, bramé. Pero no, al otro día volví a lo mismo y hubo la misma respuesta de parte de otra agente de ventas. Empecé a pensar: “¿Será que les molesta mi tono de inglés? ¿No se entiende lo que hablo? En fin, da igual, conseguí el pasaje en tren, pero mi estadía en la ciudad en la que el ex jugador francés Eric Cantona es ídolo, me llevó a no parar ni un segundo.

Gracias al glorioso Booking.com había averiguado hotel y reservado, así que sólo hubo que encontrar el hotel de la calle 55 Piccadilly, poner cara de serio y decir : “Hello, I have a reservation”,  y listo. La habitación 110, con un baño casi igual de grande que la habitación, me recibió cansado en mi aventura manchesteriana.

PARA ARRIBA. De repente, apareció el sol.

Entre tanta vuelta que fui dando, que con el correr de los días iré posteando acá, logramos meternos en el Old Trafford, conocerlo por dentro, hablar con la gente y darme una vuelta por el City of Manchester. En todos lados, el denominador común fue la estrella argentina Carlos Tevez, del que pudimos ver una inmensa cantidad de merchandising que también aparecerá por estos lugares en algunos días.

Si bien en mi estancia la estaba remando como si fuera un especialista olímpico, la aparición de otro argentino fue como un centro de Guillermo a Palermo: un golazo. Además, me permitió conocer diversos personajes, entre italianos, ingleses y españoles, que le aportarán color del bueno a este blog.

CALLES. Por las calles de Manchester.

Sin embargo, lo peor o lo mejor, según como usted lo considere, sucedió al retorno a España. Seguramente, el día previo a volar, usted que lee esto en algún momento  hizo lo mismo que yo y dijo: “Bueno, mejor no duermo a la noche y me pego una dormida importante en el vuelo. Es ideal”. Error, grave error. El domingo 21, a las 4 de la mañana, partí en tren rumbo al Aeropuerto para tomar el vuelo de EasyJet que me depositaría en Alicante. Al rato de llegar a la terminal aérea, una tormenta de nieve empezó a sacudir a la tierra inglesa. No le di demasiada importancia porque desde la parte de check In nos dijeron que estaba todo bien.

6.35 hora local. Subo al avión rodeado de jóvenes, gente inglesa del estilo Colorado Mac Allister y algún que otro español que retornaba a su patria. Supuestamente quedaban 10 minutos para despegar, pero la tormenta era fuertísima y, además, había tiempo para la anécdota inolvidable. Rapidamente, al rato de subir al nevado avión, me elegí un asiento con ventanilla porque el vuelo era corto (en vuelos largos, CLARAMENTE, elijo pasillo) y me preparé para despegar, cuando, de un momento a otro, entró al avión en caravana un contingente de más de 30 personas. Es decir, lo más normal del mundo, si no fuera por la particularidad de que los 30 eran lo más parecido que nunca había visto en mi vida al il signore Osama Bin Laden. “Acá volamos todos, y no precisamente en avión”, fue mi primer pensamiento, y atiné a mirar los dos asientos libres de mi lado. No paraban de entrar con sus túnicas y mujeres tapadas hasta los ojos. Respiré profundo, me lo tomé con soda y al rato estaba rodeado en mis asientos contiguos, delanteros y traseros, de gente que usa la barba casi hasta la cintura.

Aunque lo peor no fue eso, sino que el vuelo se demoró 4 horas, las cuales pasé dentro del avión nervioso porque perdía la conexión a Madrid, y escuchando hablar eufóricamente en árabe a mis vecinos de asiento que, de un momento a otro, como quien no quiere la cosa, me esbozaron una pregunta en inglés: “¿Are you Christian?” Más pálido y nervioso porque me habían hablado, empecé a charlar como buen argentino y a importarme muy poco todo lo que sucediera. No había nada que perder.

Al final, no pasó nada, sólo fueron prejuicios tontos que quedaron en anécdota, aunque lo desastrozo fue el tiempo que demoré en llegar y que desembocó en la pérdida del vuelo de Ryanair a Madrid. En tanto, mis amigos musulmanes se enteraron de mi bronca por perder el vuelo y me empezaron a consolar regalándome un paquete de Lays clásicas que tenían por ahí (?). Al rato nomás salió mi instinto periodístico y empecé a preguntarles: resulta que se iban a una especie de retiro espiritual en Fez, Marruecos, y por eso iban todos juntos. Ah! y cuando otro se enteró de que yo era argentino, hizo la gran turista: “Maradona, eh!” “Gabriel Batistuta” “Fúuullkbol”. A lo cual respondí con una sonrisa picaresca.

14.00 hora española. Finalmente llegamos a Alicante y no tenía cómo volver a Madrid. Me salvó una grosa amiga española que me consiguió un ticket de tren que me permitió llegar, aunque totalmente destruido, una hora antes de que arrancara la goleada Real Madrid vs. Villarreal. Mención aparte al área de prensa merengue. Comodidad total. Aplausos para ellos.

Fue un grosso viaje con la mejor anécdota que viví en años. Si ya era raro viajar a otra tierra TOTALMENTE diferente a la nuestra, escuchar hablar en árabe, olfatear el olor algo rancio que varios de ellos emanaban y terminar hablando de fútbol e historia resultó una experiencia de lo más loco que existe y que valió sumamente la pena.

Y, sí. Todo gracias al periodismo…

Comentarios

1 comentario para “Diario de viaje II: Manchester y la anécdota inolvidable”

  1. Espectacular….manchester is red!!!
    United forever

    Publicado por Damien | Abril 12, 2011, 8:52 am

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