Amado u odiado. Inquieto y revolucionario como el ‘Che’ Guevara. Virtuoso y talentoso como su admirado Johann Sebastian Bach. Formado por la diversidad cultural que le propinó su infancia nutrida por el jazz en el Bronx neoyorkino, el tango argentino y la música clásica, Astor Pantaléon Piazzolla nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1921, en el seno de una familia de inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina en busca de un futuro promisorio.
Cuando Astor tenía tan solo 3 años, los problemas económicos llevaron a los Piazzolla a emigrar nuevamente: el Bronx de Nueva York sería su nuevo destino. Allí, con 8 años, en 1929, recibiría como regalo de su padre, Vicente Piazzolla, que ejercía como peluquero y era músico amateur, el disparador de su talento: un bandoneón usado que encontró en una casa de empeños. Mientras aprendía a hablar fluidamente castellano, inglés, francés e italiano, se enamoraría de la música clásica motivándolo a estudiar piano.
Su caracter inquieto lo llevó a conocer en 1935, cuando tenía 15 años, al mítico Carlos Gardel, que se encontraba de gira por los Estados Unidos rodando la película “El día que me quieras”. Tan simpático resulto Astor para Gardel, que lo invitó a formar parte de su película representando a un joven vendedor de diarios. “Mirá, pibe, el ‘fueye’ lo tocás fenómeno, pero al tango lo tocás como un gallego”, fue la curiosa frase del Zorzal Criollo al escucharlo tocar. Tenía razón, Piazzolla ya mezclaba la música clásica con el tango, muy diferente a lo entonces conocido. Esa manera de tocar llevaría al marplatense a reflotar la llama de un tango que en la década del 50 empezaría lentamente a silenciarse. Sin embargo, sorprendido por la habilidad del muchachito con el bandoneón, Gardel lo invitó a una de sus giras. Por suerte para el joven Piazzolla, su padre le negaría esa posibilidad debido a su corta edad. La fortuna le guiñó un ojo a su vida: esa gira resultaría la última del Zorzal. Su avión se estrelló en Colombia apagando así la voz más influyente de la historia del tango.
Años más tarde, en 1937, Astor retornó a la Argentina, donde aún reinaba el tango tradicional, y comenzó a tocar en locales nocturnos con diversos grupos, incluído el de Anibal Troilo, el mejor bandoneonista de la época. Sin embargo, todas las mañanas no abandonaba su pasión por la música clásica e iba hasta el Teatro Colón para oír ensayar a la orquesta estable.
Padre de dos hijos, uno de ellos también músico, se casó en 1942 con Dedé Wolff, su primera esposa. Su pasión por crecer y mejorar lo llevó a mudarse a París, cansado del ambiente nocturno y del tango clásico. En la ciudad de las luces, estudió 11 meses con quien lo animó a seguir en su manera de sentir el tango, la compositora y directora de orquesta Nadia Boulanger. Al mismo tiempo formó una orquesta de cuerdas con músicos de la Opera de París y Lalo Schiffrin, otro argentino. En su retorno al país, tiempo después, formó más de 10 conjuntos y, en medio de innumerables críticas por su revolucionara manera de interpretar la música porteña, compuso su mayor obra: “Adiós Nonino”, dedicada su padre fallecido.
Ya alejado del ambiente del tango clásico, y establecido como un músico de alto nivel, fue reconocido en todo el mundo: Europa, Norteamérica y Asia cayeron rendidos ante su magnífico talento, tan criticado en su propio país. Su impulso musical era tal que resultaba capaz de resignar hasta su propia familia por la música.
Después de formar pareja con su segunda esposa, Laura Escalada, la poca importancia que le daba a su salud lo llevó, en 1988, a recibir un cuádruple bypass. Sin embargo, y a pesar de las advertencias médicas, siguió tocando. Su amor por la música lo desbordaba: prefería morir tocando que vivir arrodillado y alejado de su máxima pasión.
Una trombosis cerebral en 1990, en París, sería el desencadenante de su final. Su familia lo obligó a trasladarse a Buenos Aires; ya no podía tocar, pero al menos escribía. Fue el 4 de julio de 1992 cuando llegó su hora. Astor Pantaleón Piazzolla dejó el mundo terrenal. Se fue silbando bajito como el resuene de un bandoneón que se apaga y sintetizaba su vida de tango. Y su vida fue así, como su ‘Balada para un loco’ expresaba: “Ya sé que estoy piantao… piantao… piantao…”
¡Feliz cumpleaños, don Astor!
Piazzolla y el porqué de los problemas para que su tango fuera aceptado en argentina.
Su obra maestra: Adiós Nonino







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